Recibir un pase médico provoca una transformación dramática en la vida de esta mujer

Blanca y su familia conocieron a ConeXión Mosaico cuando empezamos a trabajar en su colonia, la zona del “Potrero” en San Sebastian. Blanca ha padecido de una condición degenerativa de la vista por toda su vida. Su vista comenzó a fallar en la primaria, y ha empeorado más y más con el paso del tiempo. De niña su mamá la llevó a varios hospitales, pero en aquel tiempo no había otro tratamiento más que un trasplante de córnea. Sin embargo, después de mudarse al “Potrero” hace un año y medio, su visión ha disminuido mucho más. Ya que no tenían luz eléctrica en la casa, Blanca tenía que forzar mucho la vista para hacer sus tareas domésticas, lo cual aceleró la degeneración. Ahora, cuenta con menos de 20% de vista en el ojo derecho y 30% en el izquierdo.

“Vivir sin la vista, siempre me sentía insegura todo el tiempo,” dice Blanca. Su hijo la tenía que acompañar al trabajo, para decir en cual camión subirse. Caminando en la calle, ya que no veía lo que estaba en frente, a menudo tropezaba, se metía en charcos o hasta se caía. Se acuerda que era particularmente pesado ir a la escuela de sus hijos para una reunión con la maestra. Siempre le dificultaba encontrar el salón y, aunque le pedía ayuda a la gente, señalaban a letreros que ella no podía ver.

Su falta de vista también afectó mucho a sus relaciones sociales. Cuando le hablaba a la gente, Blanca no podía verla en los ojos, o ni siquiera ver sus rostros. Cuando pasaba la gente en la calle y le saludaba, no la veía, aun si pasaba de cerca. Esto causó de que muchos de sus vecinos le acusaran de ser antisocial y egoísta, diciendo que solo les hablaba cuando necesitaba algo.

Por más difíciles que eran las cosas, Blanca no pudo buscar tratamiento por su cuenta debido a la falta de recursos. Cuando empeoró mucho su vista, tenía muchas ganas de ver que se podría hacer, pero viviendo en el Potrero apenas le alcanzaba para sus gastos básicos. Ella decía que una vez que se hubiera pagado el terreno, en 3 a 4 años, iba a intentar a ahorrar para ver al doctor. Mientras, no veía de otra más que resignarse.

vistaAfortunadamente Blanca se inscribió al proyecto de ProSalud. Al enterarse de la condición de Blanca, ProSalud le pudo obtener un pase para tener un examen gratuito con un especialista. El doctor le fabricó unos pupilentes, cobrándole solo el material que se utilizó para hacerlos. Ya que su caso es delicado, recibe seguimiento continuo con el especialista, quien la sigue viendo sin cobrar.

Con sus nuevos pupilentes, ahora Blanca tiene la vista a un 70%. El impacto en su vida diaria ha sido verdaderamente milagroso. Puede caminar sola en la calle, sin depender de que sus hijos le ayuden. Se siente más confiada y más segura, y ya no tropieza ni se cae cuando camina. Ahora puede ver a la gente a los ojos cuando le habla, y devolverles el saludo cuando pasa. Blanca dice que esto ha tenido un impacto grande en su relación con sus vecinos, y ahora comienza a formar unas nuevas amistades.

Sin la ayuda de ProSalud en obtener el pase, Blanca dice que todavía estaría esperando como unos 4 años más para recibir tratamiento. Como le empeoraba la vista, ella piensa que a lo mejor la habría perdido por completo para ese tiempo. Ahora, aunque no se pudo curar su condición dice que el doctor tiene esperanzas que usar los pupilentes pueda demorar bastante la degeneración de su vista.

Aunque hay fondos médicos públicos para la gente de escasos recursos en México, muchos habitantes desconocen que existen y no saben cómo accesarlos. Por lo mismo mucha gente marginada con necesidades o condiciones especiales de salud, sin tener para pagar atención privada, a menudo simplemente no se atiende. Por eso el educar a la gente sobre los recursos existentes y canalizarla a los proveedores apropiados es una parte muy importante de lo que trabaja ProSalud en las comunidades. Vez tras vez hemos visto que simplemente canalizarlo puede llegar a provocar una transformación dramática en la vida de un habitante de una zona marginada que tiene una condición médica especial, como Blanca. “Han sido muchos los cambios a mi vida cotidiana,” dice Blanca. “¡Me es muy bonito poder ver a la gente en los ojos cuando le hablo!”

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